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31/7/11

Invisible

Te miro a los ojos y me pierdo en ellos. 

Veo tu angustia. Mi angustia. Tu dolor. Mi dolor. Nuestra vida.

Apenas reconozco la imagen que veo reflejada, desfigurada por la curvatura de tu alma.

Me quisiste. Te quise. Nos quisimos.

Sin embargo nunca pude atravesar el cristal que nos separaba.

No recuerdo cuándo apareció. Sólo recuerdo el día que quise cogerte de la mano y no pude.

No podía, o quizá no quería verlo, pero ahí estaba entre nosotros; separando nuestros mundos.

Fué la despedida más triste de mi vida. Me sentí como Dante bajando a los infiernos por voluntad propia. En un laberinto sin minotauro que yo mismo había construído y que durante mucho tiempo se había encargado de mantenerme insensible a lo que en verdad estaba ocurriendo.

Nada podía prepararme para aquella experiencia. No había consuelo posible.

Mi mente entendía perfectamente la razón que me empujó a hacerlo. El cristal ya no era invisible, y hacía evidente lo que hasta este momento no había sido más que un leve susurro.

Mi corazón no comprendía nada. Lo cortó en dos la implacable precisión quirúrjica de mi mente, y de repente, ese otro corazón con el que tantas cosas había compartido ya no estaba.

Lo empujé lejos de mi vida.

Era la crónica de una muerte anunciada. Un triste soneto para una aventura con moraleja pero sin final feliz.

Ahora ya no hay cristal. No hay nada. Sólo quedamos mi mente, mi corazón y yo.

Sólo el profundo sentimiento y la convicción de haber hecho lo correcto, me sirven como apoyo. Y espero que como lección: una que espero no volver a repetir.

27/3/08

Secretos

Abrí sus ojos de par en par para contemplar su alma a la luz de la Luna. Navegué a través de sus labios hasta su corazón, y allí decidí echar raíces para que su luz y su amor regaran la planta que comenzaba a crecer temerosa, poco a poco, abriéndose paso en éste mundo anodino y cruel.

Bajo el inmenso mar de sus penas exploré hasta los más recónditos paisajes, sanando las heridas y calmando las embravecidas corrientes que arrastraban recuerdos, pasiones y agonías. Numerosos personajes se daban cita en miles de islas desiertas, a modo de espejo de un pasado que se resistía a dejarla marchar.

Una susurro casi imperceptible podía oírse meciendo las hojas de los árboles; eran las voces del pasado, que como invisibles cuerdas amarraban su espíritu para que no pudiera volar libre. Se comportaban como un juez implacable que conocía sus puntos flacos y que gota a gota minaba su moral hasta manipularla a su antojo.

Parecía curioso, casi irreal, que su presente estuviera gobernado por su pasado. Lejos de constituir una mera referencia y una base de datos de experiencias, era toda una central de mando que en determinados momentos dictaminaba lo que se debía hacer, convirtiéndola en una esclava de sus miedos.

Como no podía gobernar el barco de su presente, intentaba volcarse en sus proyectos futuros. Condicionaba sus deseos, esperanzas e ilusiones a un futuro que nunca llegaba, y se consumía poco a poco como las últimas ascuas de un fuego antaño ardiente. Se olvidó de vivir el presente, y su día a día se mudó al gris, engalanado con cuadros vacíos y películas en blanco y negro.

...

Hace falta mucho valor, mucha fuerza y mucho amor para dejar de escuchar esas voces y vivir el presente con la intensidad que se merece: es un momento irrepetible. No debemos aferrarnos a nuestros miedos, ni al pasado, ni al futuro, ya que lo único que existe es el presente y es nuestra única oportunidad de sentirnos vivos.

24/2/08

Emociones descatalogadas

Cuando el médico examinó otra vez a la paciente no pudo reprimir una mueca de asombro. En el lugar más extraño, encontró algo que no esperaba y hacía mucho tiempo que no veía.

La última vez que lo tuvo entre las manos, se escurrió entre sus dedos como la arena de la playa. Fueron tales sus consecuencias que lo encerró bajo llave en el más oscuro y profundo de los escondrijos, intentando protegerlo y esconderlo de todo aquello que pudiera volver a dañarlo.

Pero no es la razón lo que mueve el corazón...

Como un huracán, removió los cimientos hasta las entrañas de la nueva ciudad que había construido tras la anterior catástrofe. No destruyó nada, sólo quitó el polvo, el miedo y la hojarasca que desde el último invierno cubrían su caparazón, hasta hacerle ver que la primavera estaba aquí otra vez agazapada tras los profundos ojos que le observaban.

Mucho tiempo atrás atravesó desiertos, anduvo entre laberintos y minotauros, surcó incontables mares y viajó durante un largo invierno bajo la luz de las estrellas. Fue un período de aprendizaje, una búsqueda en la inmensidad de sí mismo en un intento por aprender.

Aquella sonrisa limpió todo lo que se acumulaba sobre su desordenado escritorio. Atravesó muros y pasillos, abriendo el candado que custodiaba su tesoro más preciado. No pudo más que rendirse a la evidencia de lo que aquellos labios carnosos representaban.

Y así, recuperó de su viejo almacén el libro de emociones descatalogadas. Volvió a poner de moda sentimientos tan antiguos y que creía tan lejanos como el amor. El puzzle de sus emociones se completó una vez más de forma tan inesperada como casual, pero así de caprichoso es el destino.

De repente volvió a salir el sol, y esbozó una sonrisa...

Ya nada volvería a ser como antes, pensó.

23/11/07

Reflexiones sobre gotas de agua

Llueve...

Una sombra acecha tras el alféizar de la venta. No respira; sus inspiraciones se asemejan a un susurro. Es una mera espectadora del infinito espectáculo que se cierne ante ella. Como un rey desde el púlpito ante su pueblo, contempla millones de gotas de vapor de agua condensado caer de forma silenciosa siguiendo un extraño ritual.

El cielo, embravecido como el mar, deleita su vista y sus oidos con un espectáculo digno del infierno que imaginó Dante. No piensa; su mente divaga en círculos intentando examinar detenídamente el dibujo que cada una de las gotas de agua muestra al acariciar las tejas.

Curiosamente se siente identificada con lo que contempla a través de sus ojos color avellana. No se extraña; toda su vida ha sido como un tren devorando millas deteniéndose sólo en las estaciones necesarias. Al final, siempre ha terminado estrellándose contra algo.

Extiende la mano hacia fuera y el agua comienza resbalar entre sus dedos. No siente; una lágrima recorre la mejilla como el presagio de la muerte anunciada hace tiempo. Aprieta los puños y pronuncia unas palabras casi imperceptibles.

Toma impulso y salta... Sonrie mientras como una gota de agua, se precipita una vez más contra el suelo.

No es una despedida; la muerte es una nueva oportunidad, no el fin del camino...

19/11/07

El laberinto del sueño...

El viento acariciaba mi piel mientras paseaba por el pantalán del puerto. La tenue luz del sol desdibujaba un atardecer con tintes violetas, enmarcado entre una ligera llovizna que impregnaba todo de una atmósfera íntima y cálida.
Era un buen lugar para meditar, y solía visitarlo con frecuencia. Era mi pequeño santuario, un sitio al que acudía para reencontrarme conmigo mismo. Mis pasos me guiaban sin rumbo fijo, y mis pensamientos chocaban, iban y venían siguiendo un extraño ritual marcado por el sonido de la lluvia y del mar chocando con los cascos de los pequeños veleros.

Una ola se estrelló de forma violenta sobre el pequeño dique y me hizo caer al agua. No fue un encuentro fortuito; de forma inconsciente yo sabía que sucedería en un momento u otro, y que nada podría hacer para evitarlo. Era una etapa más del camino que recorría cada vez que llegaba el final del día. No transcurrieron más que unos pocos segundos cuando me encontraba en un viaje sin retorno a las profundidades del mar.
Antes de perder la conciencia, pude ver a lo lejos las luces del puerto despidiéndose hasta el día siguiente. Me dejé abrazar por las corrientes hasta quedar sumido en el oscuro mundo de los sueños.

El paseo se repite día tras día, y una vez tras otra caigo al mar…

12/5/05

Mentes desiertas

Como las últimas semanas, aquella mañana me retorcía entre sueños agrios. Desperté sudoroso, con las sábanas revueltas y el ruido de la lluvia tras la ventana.
Verdadéramente era un día gris; de esos en los que uno disfruta quedándose en la cama. Apenas despertaba de la felicidad inconsciente del sueño cuando retorné a la cruda realidad. Semanas atrás comenzó mi calvario, y desde entonces me encontraba en tierra de nadie: solo en medio de mi desierto personal.
Supongo que todos conocéis el lugar del que os hablo, y aquellos que no lo conozcáis, espero que no tengáis la desgracia de perderos por ahí. De todos modos, es uno de esos lugares (o etapas de la vida como algunos dicen) por los que antes o después tenemos que pasar. Nunca sabes cómo has llegado ahí ni por qué, símplemente te despiertas un día en medio.
Al principio te asustas, te sientes desorientado, no entiendes nada... Poco a poco, te vas "habituando" y comienzas a andar, buscando alguna salida...